Cuidar a las madres para cuidar a la primera infancia

Conmemoremos  a las madres reconociendo el valor de las tribus de mamás, mejorando las condiciones en que gestan, paren, lactan y crían. No hay mejor regalo que la garantía de sus derechos para que logren disfrutar de la maternidad, un día a la vez.

En el mes del día de la madre abundan las flores, los festivales escolares y los mensajes de gratitud para las madres. Pero detrás de la celebración persiste una pregunta incómoda: ¿estamos dignificando la maternidad o premiando la sumisión de las madres? La respuesta revela una realidad atravesada por sobrecarga, falta de apoyos institucionales, violencia obstétrica y ausencia de políticas suficientes para acompañar la crianza.

De acuerdo con las cifras de INEGI, en el cuarto trimestre de 2025, residían en el país 54.9 millones de mujeres de 15 años y más; de ellas, 71.5 % había tenido al menos una hija o hijo nacido vivo a lo largo de su vida. Esto significa que 7 de cada 10 mujeres han vivido la experiencia de la maternidad. La gran pregunta debería ser, ¿en qué condiciones están viviendo la experiencia de maternidad estas adolescentes y adultas? Y todavía más allá, ¿qué estamos haciendo como sociedad para mejorar las condiciones en las que maternan adolescentes y adultas?

En México, cerca del 13% de las madres viven depresión posparto, reporta el Instituto Nacional de Psiquiatría. Por su parte, la UNICEF señala que solo 1 de cada 10 madres que se reincorporan al trabajo formal logra continuar la lactancia materna. 

El Instituto Nacional de Salud Pública estima que, en México, cinco millones y medio de mujeres renuncian anualmente a su trabajo por la falta de equilibrio entre la vida familiar y profesional.

Gestar, parir, amamantar y criar son acciones que sostienen al mundo. Sin embargo, el mundo aún no ofrece el soporte necesario para acompañar esas maternidades. 

Ante la ausencia de condiciones adecuadas, las madres han tenido que tejer sus propias redes de apoyo entre ellas para sobrevivir a la frustración de enfrentar la violencia obstétrica normalizada, imposible de erradicar en el sistema de salud actual que no cuenta con la infraestructura ni el personal capacitado para humanizar los nacimientos. 

También, ellas mismas han tenido que crear sus grupos de apoyo a la lactancia para educarse en el tema porque, aunque es su derecho la educación prenatal, en la práctica sigue siendo inaccesible y, en muchos casos, insensible. 

Las llamadas “tribus de mamás”  son la resistencia a la negligencia de un sistema que las celebra “echando la casa por la ventana” cada 10 de mayo, pero después, pareciera que cierra esa ventana los próximos 364 días del año. 

Hoy en día contamos con suficiente evidencia científica para afirmar que, si deseamos el bienestar de la sociedad, debemos apostar por la primera infancia y que, si deseamos priorizar la primera infancia, indiscutiblemente debemos sostener a las madres. 

El cambio de paradigma sobre los cuidados de la niñez, este que reconoce a las niñas y niños, no como una extensión de la propiedad de la familia, sino como seres humanos titulares de derechos especiales, reconoce el derecho a la parentalidad asistida como un derecho fundamental. Esto quiere decir que la niñez tiene derecho a ser cuidada por una persona adulta responsable, siempre. 

Este paradigma va permeando, más lento de lo que necesitamos, en nuestra sociedad. Las guarderías han pasado a ser nombradas estancias infantiles bajo un modelo de Centros de Atención Infantil, que reconoce a estos espacios y a su personal como parte de un Sistema de Cuidados que contribuye al óptimo desarrollo infantil y también, que suma a las redes de apoyo de las madres. La parte formal, la del papel, es sólida, ahora necesitamos aterrizarla con presupuesto etiquetado para infraestructura y capacitación. 

En el ámbito laboral, algunas empresas han comenzado a materializar la reforma laboral en materia de igualdad sustantiva implementando políticas que brindan protección a la maternidad y lactancia, promoviendo además la corresponsabilidad en la crianza para bajar un poco la carga de las madres trabajadoras. Necesitamos que las autoridades laborales actualicen sus cédulas de inspección en toda la República para que estas obligaciones patronales sean incluidas en las visitas de inspección. 

También existen avances en el sistema de salud. Cada día hay más hospitales públicos nominados como Hospitales Amigo del Niño y la Niña, que humanizan la atención del nacimiento, favorecen la lactancia materna y erradican el conflicto de interés con la industria sucedánea. Necesitamos llegar a las unidades de primera atención y especialmente a los hospitales del sector privado en los que se intenta invisibilizar las violaciones graves a normas oficiales y lineamientos de salud, como lo son el impulso de los partos, el contacto inmediato, alojamiento conjunto y el no suministro de fórmulas infantiles de rutina. 

Conmemoremos  a las madres reconociendo el valor de las tribus de mamás, mejorando las condiciones en que gestan, paren, lactan y crían. No hay mejor regalo que la garantía de sus derechos para que logren disfrutar de la maternidad, un día a la vez. Las organizaciones del Pacto por la Primera Infancia seguiremos trabajando para que esto sea posible.

*Mariana Villalobos es Presidenta de Infancia Plena, organización integrante del colectivo Pacto por la Primera Infancia | @Pacto1aInfancia

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