Los más pequeños: víctimas silenciosas de nuestras decisiones y omisiones

En solo 2 años (de 2018 a 2020) un cuarto de millón de niños y niñas cayó en pobreza, sumándose a los 6 millones que ya vivían en esta condición.
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En México, pertenecer a la primera infancia te hace más vulnerable a ser pobre. Las niñas y niños menores de 6 años son el grupo poblacional que presenta mayores índices de pobreza, pobreza extrema y carencia social.

Entre 2018 y 2020 creció el número y porcentaje de niñas y niños menores de seis años en pobreza y pobreza extrema en México. Así lo evidencia el análisis realizado por Pacto por la Primera Infancia a partir de los datos del Coneval 2018-2020, que identificó que 1 de cada 2 niñas y niños menores de 6 años en México vive en pobreza (54.3 %) y 1 de cada 10 vive en pobreza extrema (11.8 %).

La pobreza es la negación de los derechos humanos de cada niña y niño. Es una violación explícita al derecho que tiene cada persona a desarrollarse con plenitud.  Como Estado, como gobierno, como sociedad, le estamos negando a 6 millones de niñas y niños la posibilidad de una vida plena. Lo hacemos a fuerza de no verlos, de no escucharlos, de no asumirlos como personas con los mismos derechos que tú y que yo.

Seguimos distraídos con problemas, proyectos y acciones que nada tienen que ver con nuestras aspiraciones de justicia, de equidad, de oportunidad.

Históricamente, nuestra inversión en primera infancia ha sido insuficiente, pero entre el 2018 y el 2020 observamos reducciones de alrededor de 32 mil millones de pesos. En el mismo periodo, incrementó en 2 puntos el porcentaje de niñas y niñas menores de 6 años en condiciones de pobreza, pobreza extrema y carencia social. Esto significa que en solo 2 años un cuarto de millón de niños y niñas cayó en pobreza, sumándose a los 6 millones que ya vivían en esta condición.

De acuerdo con el análisis de los datos de la pobreza en primera infancia, en 20 de las 32 entidades del país se incrementó el porcentaje de pobreza, y en 26 de las 32 entidades del país se incrementó el porcentaje de pobreza extrema

Este deterioro es el resultado de las decisiones y omisiones de los tomadores de decisión en todos los poderes y órdenes de gobierno.

Las decisiones que tomamos, las decisiones que toman los alcaldes, las y los gobernadores, las y los legisladores, el presidente y los secretarios de Estado tienen consecuencias.

Es hora de tomar decisiones diferentes. Es hora de discutir en serio cómo abatir la pobreza, empezando por la pobreza en la primera infancia.

Las consecuencias de no actuar hoy son incalculables. La pobreza infantil afecta de por vida la salud, la inteligencia, el desarrollo emocional y la capacidad productiva, con consecuencias de largo alcance.

¿Por qué? Ya lo hemos dicho antes. Porque en los primeros años se forma el cerebro de las personas, se programan sus procesos metabólicos, se desarrollan las habilidades esenciales para la vida.

La pobreza en los primeros años socava la salud física y emocional, la inteligencia y la capacidad de aprender, y el potencial de productividad futura con consecuencias que pueden ser irreversibles.

La pobreza en la primera infancia no es un fenómeno del cual las niñas y niños saldrán triunfantes a base de pura resiliencia. No es así. Si no interviene el Estado de manera urgente, los niños y niñas que sobrevivan a la pobreza vivirán con consecuencias en todos los aspectos de su vida.

Esas consecuencias nos habrán de cobrar factura: mayores gastos en salud, en educación, en programas para desarrollar habilidades, en programas para tratar de disminuir la inseguridad; con pocos o nulos efectos.

¿Por qué? Porque esos gastos no resolverán los problemas, porque estos problemas tienen su raíz, su corazón, en la situación que viven las niñas y niños en primera infancia hoy.

La revista de Lancet publicó estimaciones que indicaban que el costo de la inacción en inversión en primera infancia podría implicar pérdidas para los gobiernos de hasta tres veces el monto del PIB que hoy invierten en salud y educación.(The Lancet, 2016) .

Nuestro llamado es claro: urge hacer de la primera infancia una prioridad.

A la luz de estos resultados, deberíamos ver un incremento sustantivo en los recursos asignados a proveer bienes y servicios para la primera infancia:

  • Mayores recursos para educación inicial y preescolar
  • Mayores recursos para brindar protección social a niñas y niños;
  • Mayores recursos para atención al embarazo, al parto y el puerperio
  • Mayores recursos para promover, proteger y apoyar la lactancia
  • Programas para atender y prevenir la mala nutrición
  • Recursos para ponernos al día en vacunación
  • Transferencias para las familias más pobres con niñas y niños menores de 6 años
  • Programas para proteger a las niñas y niños de toda forma de violencia

Es una obligación LEGAL derivada de la Convención, de la Constitución y de la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, pero también una obligación MORAL.

El momento es hoy. Mañana será demasiado tarde.

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