¿Qué ciudad soñamos para los próximos 20 años? Esta fue la pregunta que formuló el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la Ciudad de México al abrir la consulta pública para construir el Plan General de Desarrollo de la Ciudad de Mexico 2025-2045, documento que definirá las prioridades, proyectos y políticas públicas de la capital.
La pregunta no es menor: implica reconocer que el futuro de la Ciudad no se improvisa, se planea. La consulta estuvo abierta del 9 de diciembre de 2025 al 15 de abril de 2026, y puso sobre la mesa una discusión fundamental: el futuro de la Ciudad se construye con decisiones, prioridades y visión a largo plazo. Y ahí surge una pregunta clave: ¿a quiénes estamos colocando en el centro de la Ciudad que soñamos?
La respuesta es más simple de lo que parece: la ciudad que soñamos tendría que ser una donde la primera infancia sea cuidada como el tesoro más valioso; porque, para pensar en el futuro, indudablemente tenemos que empezar por el inicio de la vida.
Desde 2017, la Ciudad cuenta con el Plan General de Desarrollo y se actualiza conforme toma posesión un gobierno. En la administración encabezada por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, se abrió una propuesta de estrategia enfocada en niñez y juventudes, que marcará el rumbo durante esta y la siguiente administración. Desde el Pacto por la Primera Infancia participamos en este proceso, y se prevé que el documento final sea publicado en Gaceta a finales de este año.
Hablar de primera infancia es una de las decisiones más inteligentes que puede tomar cualquier gobierno. James J. Heckman, Premio Nobel de Economía en el 2000, ha demostrado que no hay inversión más rentable que aquella que se realiza en los primeros años de vida. De hecho, los programas dirigidos a la primera infancia, sobre todo dirigidos a las niñas y niños más vulnerables, pueden generar hasta un 13% de retorno de inversión por persona. Invertir en la primera infancia no solo mejora vidas, rompe ciclos de desigualdad desde la raíz.
Las razones son contundentes
Entre la gestación y los 6 años se desarrolla cerca del 90% del cerebro humano. En ese período se construyen las bases físicas, cognitivas y emocionales que determinarán la salud, el aprendizaje, la productividad y el bienestar de las personas a lo largo de toda la vida. Esto es revelador: lo que hagamos o dejemos de hacer en esos primeros 6 años impacta la vida de cada niña y niño, y define en gran medida la Ciudad que seremos.
Hoy sabemos que en la Ciudad de México habitan más de medio millón de niñas y niños en primera infancia. De ellos, el 34.9% de niñas y niños menores de 5 años viven en condición de pobreza (INEGI, 2024), 4 de cada 10 niñas y niños cuentan con su esquema completo de vacunación (ENSANUT, 2021); 5.1% de niñas y niños menores de 3 años asisten a programas de educación inicial; 12.4% de niñas y niños menores de 1 año no cuentan con acta de nacimiento, lo que les limita en acceso a otros derechos (INEGI, 2021) y, el 52.4% de niñas y niños menores de 5 años son disciplinados con violencia (ENSANUT, 2018-2019). Apostar hoy por ellas y ellos es una decisión estructural sobre el futuro de la Ciudad.
Estos datos no hablan únicamente del presente de la primera infancia; hablan de la Ciudad que estamos construyendo.
La Ciudad de México ha dado pasos importantes. Programas como Desde la Cuna, Mujeres Sanas, Infancias Protegidas y Mi Beca para Empezar han buscado garantizar un ingreso mínimo para las familias, así como a niñas y niños, y reconocer la importancia de estos primeros años. Sin embargo, el reto ahora es convertir estos programas en la base de un sistema articulado que conecte a familias, niñas y niños con otros servicios clave para su desarrollo, como al acceso efectivo a salud, nutrición, cuidado, educación inicial y protección.
La Ciudad tiene las condiciones para dar el siguiente paso: convertir los programas en puertas de entrada a un sistema que acompaña a cada niña y niño desde sus primeros años.
Si en el Plan se logra consolidar esta visión, la Ciudad no solo estará atendiendo a la primera infancia, estará transformando su trayectoria de desarrollo. Y eso cambia toda la historia.
La Ciudad de México tiene hoy una oportunidad única: construir una visión de largo plazo donde las niñas y los niños, desde sus primeros años, sean el punto de partida. Esto no sólo es emotivo, es justicia social.
Como referente histórico en la construcción de políticas públicas, la Ciudad puede volver a marcar el camino, colocando a la primera infancia en el centro y proyectando ese modelo hacia otras ciudades del país.
Porque el futuro de la Ciudad de México se construye desde la cuna.