¡Ya llegó papá! La importancia de estar presentes en la vida de niñas y niños

Cuando un padre tiene oportunidades reales para participar en la crianza, gana toda la familia. Se fortalecen los vínculos afectivos, mejora el bienestar de niñas y niños y se construyen relaciones más cercanas y significativas.

Para millones de niñas y niños, escuchar la frase ‘¡ya llegó papá!’ significa mucho más que el regreso de alguien a casa. Significa seguridad, compañía, juego, escucha y afecto. Sin embargo, en México todavía persiste la idea de que criar es una responsabilidad principalmente de las madres, cuando la participación activa de los padres puede transformar el desarrollo de las niñas y niños.

Cada Día del Padre nos da la oportunidad de reconocer el amor, el esfuerzo y la dedicación de millones de hombres que acompañan el crecimiento de sus hijas e hijos. Pero más allá de la celebración, también es un momento para reflexionar sobre la enorme influencia que tienen los padres en la vida de la niñez.

A lo largo de mi trabajo con niñas, niños y familias, he sido testigo de cómo la presencia de un padre puede marcar una diferencia profunda. He visto cómo su compañía emocional fortalece la autoestima de sus hijos, cómo una palabra de aliento, una conversación sincera o simplemente estar presentes en momentos importantes les brinda seguridad, confianza y la certeza de que cuentan con alguien que cree en ellos.

También he observado cómo la guía de un padre puede convertirse en un referente para la toma de decisiones. Cuando escuchan, orientan y acompañan sin juzgar, ayudan a que sus hijas e hijos desarrollen confianza en sí mismos, aprendan a enfrentar dificultades y construyan proyectos de vida con mayor claridad.

Hay aspectos que muchas veces parecen pequeños, pero que dejan una huella enorme: una sonrisa al final del día, un abrazo oportuno, el tiempo compartido en una actividad cotidiana o el ejemplo de respeto hacia otras personas. Son acciones sencillas que fortalecen la convivencia, enseñan valores y contribuyen a formar relaciones más sanas entre niñas, niños y adolescentes.

De la misma manera, el ejemplo de trabajo, responsabilidad y perseverancia que muchos padres ofrecen día a día se convierte en una lección silenciosa pero poderosa sobre el esfuerzo, el compromiso y la importancia de no rendirse ante los desafíos.

Sin embargo, aún enfrentamos una realidad que merece atención. En muchos hogares, especialmente durante los primeros años de vida, la participación de los hombres en la crianza sigue siendo limitada: en solo 1 de cada 10 hogares el rol del cuidador principal recae en un hombre. No se trata, en la mayoría de los casos, de falta de interés o amor hacia sus hijos, sino de barreras laborales, culturales y sociales que dificultan que puedan involucrarse de manera más activa.

De acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022, en el grupo de  niñas y niños de 0 a 5 años, el 86.3% de los cuidados principales son realizados por las madres, mientras que la participación masculina como cuidador principal es prácticamente inexistente en los registros. 

Por ello, es importante impulsar políticas públicas y prácticas laborales que reconozcan el valor de la paternidad activa. Licencias parentales más amplias, horarios flexibles y programas que promuevan la corresponsabilidad en la crianza pueden generar beneficios para las familias, las comunidades y también para los propios centros de trabajo.

Este compromiso también se encuentra reflejado en la Meta 9 del Pacto por la Primera Infancia, que plantea alcanzar al 30% de las familias con niñas y niños menores de 6 años mediante programas de habilidades parentales para promover una crianza cariñosa y sensible. 

Cuando un padre tiene oportunidades reales para participar en la crianza, gana toda la familia. Se fortalecen los vínculos afectivos, mejora el bienestar de niñas y niños y se construyen relaciones más cercanas y significativas. Además, los propios padres encuentran mayores niveles de satisfacción y sentido de propósito en esta etapa tan importante de sus vidas.

Invertir en la participación de los padres durante la primera infancia no es solo una decisión familiar; es una apuesta por comunidades más fuertes, entornos más protectores y mejores oportunidades para las nuevas generaciones.

Porque un padre presente no solo acompaña el crecimiento de sus hijas e hijos. Con cada abrazo, cada consejo, cada momento compartido y cada acto de amor, también ayuda a construir una sociedad más humana, empática y comprometida.

*Martín Vázquez Hernández, Coordinador de Protección Infantil de Niños de Bobashi I.A.P., organización integrante del colectivo Pacto por la Primera Infancia.

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