La nutrición infantil no puede esperar: el reto pendiente en México

En este 28 de mayo, el Día Mundial de la Nutrición nos recuerda que todas las niñas y los niños merecen “piso parejo” desde el inicio de su vida. Atender a las madres embarazadas, apoyar la lactancia, acompañar a las personas cuidadoras y fortalecer el entorno familiar puede cambiar el destino de una infancia.

En el marco del Día Mundial de la Nutrición, vale la pena detenernos un momento para reflexionar sobre una realidad que seguimos enfrentando en México y en gran parte del mundo: la malnutrición infantil.

Aunque con frecuencia hablamos de porcentajes y estadísticas, detrás de cada número hay niñas y niños con nombre, rostro e historia. Hoy, más de 150 millones de niñas y niños menores de 5 años padecen desnutrición crónica en el mundo, de acuerdo con datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). En México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022 reporta que más del 14% de los menores de 5 años viven con desnutrición crónica y cerca del 8% presentan obesidad.

Frente a esta realidad, el Pacto por la Primera Infancia busca con los gobiernos firmantes del Pacto favorecer el avance en el cumplimiento de su Meta 2, que busca “reducir a 8% la desnutrición crónica, así como disminuir a 5% la anemia y la prevalencia de sobrepeso y obesidad en niñas y niños menores de 5 años”.

Desde el Organismo de Nutrición Infantil (ONI), que forma parte del colectivo Pacto por la Primera Infancia, hemos observado que, en comunidades con inseguridad alimentaria —particularmente indígenas, rurales y en contextos de pobreza urbana y suburbana—, la desnutrición aguda continúa presente, mientras que la malnutrición asociada con obesidad crece aceleradamente. 

Esta “doble carga” refleja una realidad compleja: niñas y niños con carencias nutricionales que, al mismo tiempo, conviven con dietas de baja calidad y con escaso acceso a condiciones adecuadas para un desarrollo saludable.

La pregunta inevitable es: ¿cómo explicar esta situación cuando existen cada vez más iniciativas gubernamentales, empresariales y de organizaciones de la sociedad civil enfocadas en combatirla?

Parte de la respuesta puede encontrarse en el “Atlas de Riesgos para la Nutrición de la Niñez en México”, publicado por el Centro de Excelencia e Innovación para los Derechos y Oportunidades de la Niñez (CEIDON), el cual advierte que gran parte de los municipios del país tiene altas probabilidades de no cumplir el objetivo de Hambre Cero hacia 2030. 

Pero quizá lo más impactante del análisis es reconocer que la principal causa asociada con la malnutrición infantil no es únicamente la falta de alimentos, sino factores mucho más profundos y estructurales: el maltrato intrafamiliar, la falta de acceso al agua potable, la escasa educación nutricional y múltiples condiciones de vulnerabilidad social.

La lección es clara: las soluciones no pueden ser aisladas. Deben ser integrales.

La nutrición infantil no depende únicamente de entregar alimentos. Requiere construir sistemas de cuidado, acompañamiento y protección para las familias, especialmente durante los primeros 1,000 días de vida, desde el embarazo hasta los 2 años. Es en ese periodo cuando el cerebro y las bases del desarrollo humano se forman con mayor rapidez. Cuando esa base es incompleta, las consecuencias pueden acompañar a una persona durante toda su vida.

Por ello, no podemos permanecer indiferentes. Ninguna organización, institución o autoridad puede asumir que “no le corresponde”. La salud, la educación, la inclusión, la justicia social y el combate al hambre están profundamente conectados.

En este 28 de mayo, el Día Mundial de la Nutrición nos recuerda que todas las niñas y los niños merecen “piso parejo” desde el inicio de su vida. Atender a las madres embarazadas, apoyar la lactancia, acompañar a las personas cuidadoras y fortalecer el entorno familiar puede cambiar el destino de una infancia.

La nutrición infantil es un derecho. Y garantizarlo requiere algo más que buenas intenciones: exige voluntad, coordinación y acción colectiva. Hagámosla posible.

*Por Carlos Fájer, Director General en Organismo de Nutrición Infantil A.C., organización que forma parte del colectivo Pacto por la Primera Infancia.

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