El papel de la sociedad civil organizada en la protección de la niñez

El papel de las organizaciones de la sociedad civil es vital, el mundo necesita de su liderazgo para enfrentar las múltiples violaciones de derechos humanos que existen día a día, sin embargo, necesitan la participación de todas y todos para multiplicar su alcance.

Hace algunos días, tuve la oportunidad de asistir a un foro en el marco de la conmemoración del Día Mundial de las Enfermedades Raras, cuyo propósito fue visibilizar el derecho de las personas con algún padecimiento de esta clasificación para acceder a servicios de salud oportunos y de calidad. Mientras esperaba ingresar al evento, conversé con varias madres y padres de familia, quienes me compartieron los múltiples retos que han enfrentado para encontrar atención y tratamientos que ayuden a sus hijas e hijos a tener una mejor esperanza de vida. Como expresó una mamá: ”Encima de sufrir el diagnóstico de mi niña, tengo que atravesar este viacrucis”.

En medio de esta situación desoladora, estas familias encontraron esperanza; gracias al respaldo de organizaciones de la sociedad civil lograron acceder a información especializada sobre el padecimiento de sus hijos, contactar a especialistas médicos, hablar con tomadores de decisión, conseguir medicamentos costosos, recibir apoyos económicos y sobre todo, a no sentirse solos gracias al acompañamiento psicológico. Muchos cuidadores, incluso, transformaron su experiencia personal en acción colectiva y hoy dirigen fundaciones para que otras familias no enfrenten solas los desafíos que ellos enfrentaron. 

Esa misma semana conocí y participé en un congreso y mesas de trabajo entre gobierno, organizaciones y empresas para identificar soluciones concretas contra la violencia sexual infantil en entornos digitales; un informe sobre acciones para erradicar el bullying escolar; capacitaciones sobre educación, desarrollo infantil temprano, crianza positiva, espacios públicos y vacunas; acciones de litigio estratégico para que las niñas y los niños accedan a sus derechos; actividades de acompañamiento a cuidadores, campañas de sensibilización, formación especializada y asistencia social, entre muchas iniciativas. Todas estas acciones compartían algo en común: estaban impulsadas por la sociedad civil organizada. 

De formas muy concretas somos testigos de la trascendencia que tiene este sector en la vida de las personas más vulneradas, particularmente en la de niñas y niños. 

Considerando únicamente al Colectivo del Pacto por la Primera Infancia, lo integran más de 570 organizaciones que juntas tienen un alcance de atención a 2,902,275 niñas y niños, quienes han contribuido a mejorar la esperanza de vida de esta población a través de modelos de atención especializados y acciones de asistencia social fundamentales para el desarrollo infantil temprano.

Paradójicamente, todos vemos a diario cómo el mundo está experimentando múltiples crisis que se están acelerando, y al mismo tiempo está ocurriendo un reordenamiento geopolítico que está acabando con alianzas de cooperación internacional y nacional con el poder de hacer frente a estos grandes problemas de manera colectiva y sostenida. Cuando es imperativo la unidad de la sociedad para intercambiar, enriquecer y transferir soluciones concretas y territoriales, es cuando más se están interrumpiendo acuerdos intersectoriales que tomaron décadas consolidar, y con ello cualquier oportunidad de vinculación para el bien social.  

En este contexto, quienes resultan con mayor afectación son las organizaciones de la sociedad civil que dependen principalmente de donativos por parte del gobierno, de las empresas y de la sociedad en general, aun cuando su contribución es fundamental. 

De acuerdo con los resultados de la Cuenta Satélite de las Instituciones Sin Fines de Lucro de México del INEGI (2024), las instituciones sin fines de lucro y el valor económico del trabajo voluntario de las personas contribuyeron a nuestro país con 3.3% del PIB del total de la economía, lo que equivale a 1,046,284 millones de pesos. Sin embargo, esta contribución se ve limitada por la dificultad que enfrenta el sector para formalizarse, financiarse y fortalecer su legitimidad social ante discursos y medidas que socavan el importante esfuerzo que realizan para contribuir al bienestar de la población. 

En el Compendio Estadístico del Sector No Lucrativo 2023, realizado por CEMEFI, en México se identificaron 48,035 organizaciones de la sociedad civil del sector filantrópico o instituciones de servicios a terceros. De las cuales, solo 10,605 cuentan con donataria autorizada y 6,714 con Cluni y donataria autorizada. Estos datos reflejan la disparidad que hay entre el valor que aporta el sector y las dificultades que presentan para que su labor sea sostenible con el tiempo. 

Adicionalmente, se han reducido y retirado importantes fuentes de financiamiento provenientes de agencias de cooperación internacional, reasignando este recurso principalmente a intereses políticos de carácter nacional. Esta acción ha desencadenado que las organizaciones reduzcan el alcance de su intervención, adecúen de manera forzada su labor hacia los temas de interés por parte de potenciales financiadores y en el peor de los casos, dejen de tener operación. 

Ante este panorama, hoy más que nunca el papel de las organizaciones de la sociedad civil es vital, el mundo necesita de su liderazgo para enfrentar las múltiples violaciones de derechos humanos que existen día a día, sin embargo,  necesitan la participación de todas y todos para multiplicar su alcance; le corresponde a las autoridades brindar las facilidades para la constitución legal, el diálogo intersectorial y el apoyo económico a la labor que realizan y a las empresas apostar por mayor inversión social. Como sociedad, agradecemos y reconocemos el valor de su contribución, incluso en coyunturas de alto nivel de presión.   

Cada organización trabaja desde su causa y sus territorios la visión de comunidad que quiere construir. Las largas luchas continuarán, pero el enfoque y el rol de las organizaciones lo debemos reimaginar y rediseñar a la brevedad. 

La sociedad civil organizada debe ser el puente directo y efectivo entre las necesidades urgentes de las personas y soluciones colectivas de apoyo. La prioridad deberá estar en tejer vínculos comunitarios auténticos, que empoderen a las familias a ser aliadas en crear movimientos sociales, autoorganizarse y generar demanda ciudadana para acceder a todos los derechos, para todas las personas. 

La mirada debe ser global y colectiva, pero los pies deben seguir firmes en el territorio. El Informe sobre el estado de la Sociedad Civil 2025 de Civicus Global Alliance nos brinda ideas valiosas para sostener el éxito de las organizaciones; claridad en los valores organizacionales, alineación con el enfoque de derechos, agilidad y diversidad en las propuestas de solución, liderazgo de acción compartido con otras redes, el co-financiamiento, solidez institucional y la profesionalización de los equipos, son algunos de los elementos que desde esta trinchera debemos considerar para fortalecernos como fundamentales agentes de cambio social. 

Sin duda, quienes trabajamos desde la sociedad civil organizada necesitamos hacer una pausa reflexiva para poner al frente de nuestra labor la imagen colectiva del país al que aspiramos contribuir: el bebé brillante y cobijado de amor al nacer, de las niñas y niños jugando en parques limpios y seguros, de adolescentes con la confianza para expresar su identidad, de jóvenes empoderados por el proyecto de vida que están construyendo, por las mujeres, los hombres, las familias y la sociedad con piso parejo para vivir en plenitud. Porque en la medida que tengamos visible esta imagen, será nuestra brújula que dirija nuestros pasos en la misión de vida que hemos decidido abrazar. 
Aquí puedes conocer a las organizaciones del colectivo que han arropado hacer de la primera infancia una prioridad nacional: https://www.pactoprimerainfancia.org.mx/lista-de-integrantes/

*Coordinadora Nacional de Movilización del Pacto por la Primera Infancia | @Pacto1aInfancia

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