Poner a la primera infancia primero: una decisión que Guerrero no puede seguir posponiendo
En Guerrero, muchas niñas y niños crecen demasiado rápido. Antes de aprender a jugar, aprenden a esperar. Antes de sentirse seguros, aprenden a resistir.
La escena es sencilla y contundente: una niña pequeña sentada sobre una mesa, comiendo con las manos en una cocina humilde. No hay juguetes. No hay un espacio pensado para ella. Solo una infancia adaptándose, demasiado pronto, al mundo de los adultos. Ningún niño debería aprender primero a resistir.
La infancia es el principio de todo
Poner a la primera infancia primero significa reconocer algo esencial: todo comienza ahí. En los primeros años se construyen la salud, la capacidad de aprender, la confianza y la forma de relacionarse con el mundo. Es una etapa irrepetible. Lo que no se cuida a tiempo deja huellas profundas.
En un estado como Guerrero, donde muchas familias enfrentan pobreza, enfermedad y violencia, esta decisión es urgente. Cuando una niña o un niño no tienen acceso a alimentación suficiente, atención médica o un entorno seguro, no solo se afecta su presente, también se limitan sus posibilidades de crecer y desarrollarse plenamente.
La desigualdad empieza temprano, pero también ahí puede comenzar el cambio.
Cuando la comunidad decide no mirar a otro lado
Desde la sociedad civil existen acciones concretas que demuestran que otra realidad es posible. En Mujeres al Timón A.C. acompañamos a niñas, niños y mujeres que enfrentan el cáncer. A través de la recolección de tapitas de plástico, transformamos pequeños gestos solidarios en tratamientos, traslados, medicamentos y apoyo emocional.
No es una intención, es un trabajo diario. Recuerdo a una niña que, mientras esperaba su tratamiento, me mostró un dibujo. En él no había hospitales. Había un parque, un columpio y un sol enorme: “Cuando me cure, voy a jugar ahí”, me dijo.
Poner a la niñez al centro
Esa frase basta para entender que la primera infancia no es un tema técnico: es profundamente humano. Detrás de cada diagnóstico hay sueños. Detrás de cada cifra hay una infancia que quiere jugar, reír y vivir sin miedo.
Nuestro trabajo no sustituye lo que debe garantizarse desde lo público, pero sí deja algo claro: cuando la comunidad decide poner a la niñez al centro, la infancia deja de ser invisible.
Guerrero necesita más prevención en salud, más apoyo a las familias, más espacios seguros, mejor coordinación entre instituciones y decisiones que partan de una pregunta fundamental: ¿cómo impacta esto a las niñas y los niños?
No se trata solo de programas. Se trata de prioridades. Si queremos transformar Guerrero, tenemos que empezar desde el principio: desde esa mesa, desde ese dibujo con un sol enorme, desde esa voz pequeña que sueña con un columpio. Porque la primera infancia no puede esperar. No sabe esperar, y no debería tener que aprender a hacerlo.
Poner a la primera infancia primero no es una consigna, es una decisión que define quiénes somos como sociedad, y esa decisión ya no admite más demoras.