Herramientas que informan el debate público

El reto de la política pública no es únicamente abrir nuevos centros con ladrillos y cemento, sino que resuelva el rezago educativo, potencie las habilidades de la primera infancia y permita a las mujeres ejercer una profesión que mejore la economía de su hogar.

Casi todas y todos tenemos una o varias ideas de nuestro país, ciudad o comunidad ideal: calles seguras, hospitales equipados y escuelas accesibles para todas las niñas y niños. Sin embargo, entre desear una comunidad próspera y construirla hay una gran brecha. Las buenas intenciones a menudo chocan con la realidad al intentar traducirse en “política pública” por una simple razón: carecemos de información completa y, más aún, la tenemos frecuentemente desactualizada. Tampoco los tomadores de decisiones tienen la información accesible y procesada. Cuando se propone construir una nueva escuela o abrir una guardería, las preguntas fundamentales casi siempre se quedan sin respuestas concretas: ¿En dónde se necesita más? ¿Cuál sería la intervención adecuada? ¿A quiénes debemos priorizar? Y, sobre todo, ¿cuánto nos va a costar?

Para contestar estas preguntas, no solo necesitamos de información, sino también de un “marco” que guíe de donde estamos, hacia dónde queremos llegar sin salirnos del enfoque principal. Por ejemplo, cuando desarrollamos el Simulador Fiscal CIEP, necesitamos de la “formula fundamental”: ingresos menos gastos es igual a deuda. Simple y sencillo, una forma diferente de decir que, para todo gasto, necesitamos una fuente de ingresos. Con ese mismo principio, se creó la Herramienta de Expansión de la Educación Inicial. Se trata de un “mapa” que cruza la información de las niñas y niños que necesitan atención (la demanda) con las escuelas y servicios que ya existen (la oferta). Es una plataforma diseñada con el propósito de empoderar a las personas tomadoras de decisiones para que sepan dónde construir, bajo qué modalidad, a quién priorizar y, sobre todo, cuánto costará.  

Con más de 1 millón de niñas y niños menores de 3 años en casi 200 mil localidades, la situación no es si quien toma las decisiones sabe o no del tema, sino que hay una amplitud enorme de variables que no son fáciles de procesar y menos de recordar. Por ejemplo, hay más niños viviendo sin papá ni mamá, que viviendo únicamente con sus papás (varones). Y, dentro del hogar, ¿cuántas hermanas y hermanos tienen, a qué se dedican sus cuidadores, qué edades tienen sus madres, qué características tienen sus hogares? Todas estas consideraciones son tan amplias que urge contar con una herramienta con la capacidad de incluirlas y darles sentido.

Con una herramienta que guíe la discusión, dejamos de intentar resolver todo con la misma fórmula. Primero, el mapa nos muestra dónde están las necesidades reales y cómo viven esas familias. No es lo mismo diseñar un servicio para una madre que trabaja en una oficina con horario fijo, que para una comerciante que debe desplazarse constantemente por la ciudad. Segundo, nos permite elegir la mejor opción educativa. Una guardería tradicional no siempre es la respuesta adecuada; a veces, una red de cuidado comunitario es mucho más efectiva, sin que esto deba verse como una opción de ‘menor calidad’. Cada alternativa tiene su propósito. Tercero, la herramienta calcula el costo exacto: cuántos educadores e insumos se requieren. Pero lo más valioso es que la tecnología no decide por nosotros, sino que nos devuelve el poder de elegir con base en nuestros valores: ¿Atendemos primero a la infancia con mayor rezago social o apoyamos a las madres que necesitan salir a trabajar de inmediato?

Sin embargo, hay que reconocer algo fundamental: el mapa no es el territorio. La tecnología nos guía, pero no decide por nosotros. El reto de la política pública no es únicamente abrir nuevos centros con ladrillos y cemento, sino que resuelva el rezago educativo, potencie las habilidades de la primera infancia y permita a las mujeres ejercer una profesión que mejore la economía de su hogar. Por ello, estas discusiones no deben quedar encerradas en las oficinas de las y los tomadores de decisiones; nos pertenecen a todas y todos, quienes al final nos beneficiamos o padecemos las políticas implementadas. Herramientas como la de Expansión de la Educación Inicial nos deben empoderar como ciudadanía para exigir que nuestros recursos se inviertan con base en evidencia. Al involucrarnos, lograremos cerrar la brecha y construir esa comunidad próspera y con escuelas accesibles con las que todas y todos soñamos.

Durante la 6ª Jornada Nacional de Inversión de Primera Infancia celebrada el pasado 10 de agosto, coorganizada por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la Secretaría de Gobernación, por medio de la Secretaría Ejecutiva del SIPINNA, la Secretaría de Relaciones Exteriores, a través de la AMEXCID; el Pacto por la Primera Infancia, Save the Children México, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial y UNICEF, se enfatizó que el reto no es únicamente invertir más, sino invertir mejor, con evidencia, articulación institucional, enfoque territorial y resultados medibles.

*Ricardo Cantú Calderón y Sunny Arely Villa Juárez, Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) A.C.

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