Trata de personas: la forma más extrema de violencia contra niñas y niños

Ninguna niña nace creyendo que su cuerpo tiene un precio. Ningún niño nace pensando que su dignidad puede comprarse. Eso ocurre cuando un adulto decide convertir su vulnerabilidad en un negocio. Esa es, quizá, la expresión más brutal de la trata de personas.

La trata adopta múltiples formas: explotación laboral, mendicidad forzada, matrimonio forzado, utilización de niñas, niños y adolescentes para actividades delictivas, extracción ilícita de órganos y explotación sexual, entre otras. Todas constituyen graves violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, cuando la finalidad es la explotación sexual de una niña o un niño, la violencia alcanza una dimensión particularmente devastadora: la persona deja de ser vista como un ser humano y es convertida en un objeto del que otros obtienen ganancias.

Cuando una niña o un niño es víctima de explotación sexual, no solo se vulneran sus derechos. Alguien decide ponerle precio a su cuerpo.

El Informe Mundial sobre la Trata de Personas 2024 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) advierte que las niñas, niños y adolescentes representan el 38 % de las víctimas de trata detectadas en el mundo, y que la explotación sexual continúa siendo una de las principales finalidades de este delito entre las víctimas menores de edad. Detrás de estas cifras hay una realidad ineludible: la infancia continúa siendo uno de los principales blancos de las redes de explotación.

En México, la realidad refleja una tendencia similar. Datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) muestran que, entre enero y mayo de 2026, el 67.6 % de las víctimas de trata de entre 0 y 17 años fueron mujeres y que más de una tercera parte de los casos (36 %) correspondió a niñas y niños menores de 13 años. Estas cifras nos recuerdan que la trata no es un problema lejano: afecta directamente a quienes deberían encontrar en la infancia el espacio más seguro para crecer.

Una crisis que evoluciona al mismo ritmo que la tecnología

Hoy esa violencia ha adquirido una dimensión aún más cruel. La creación y distribución de material de abuso sexual infantil ha permitido que la explotación trascienda el momento mismo del abuso. Cada fotografía y cada video representan el registro de una agresión sexual contra una niña o un niño. No son “imágenes”. No son “contenido”. Son evidencia de un delito que puede almacenarse, distribuirse y consumirse una y otra vez, prolongando la violencia mucho después de que la agresión ocurrió.

La Internet Watch Foundation ha documentado un crecimiento sostenido en la detección de este tipo de material a nivel mundial, reflejando una crisis que evoluciona al mismo ritmo que la tecnología y que exige respuestas cada vez más especializadas.

En México, el estudio Disrupting Harm, presentado por UNICEF, reveló que uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet sufrió alguna forma de explotación o abuso sexual facilitados por la tecnología en un solo año, lo que equivale a aproximadamente 1.6 millones de adolescentes. Menos del 1 % de estos casos llegó a denunciarse ante las autoridades. Estas cifras nos recuerdan que la explotación sexual infantil ya no ocurre únicamente en escenarios lejanos o vinculados con organizaciones criminales complejas. También puede comenzar desde una pantalla, mediante la manipulación, el engaño y el abuso de la confianza.

En Fundación Libera México acompañamos todos los días a niñas, niños y adolescentes sobrevivientes de trata. Ahí aprendimos que el daño no termina cuando cesa la explotación. Muchas niñas y niños llegan convencidos de que quien los explotó era su amigo o la única persona que realmente los quería. Otros creen que consintieron lo que vivieron y cargan con una culpa que nunca les perteneció. 

No obstante, una parte esencial de su proceso de recuperación consiste, precisamente, en ayudarles a comprender que fueron víctimas de un delito; que ninguna forma de manipulación, coerción o abuso puede confundirse con consentimiento; y que la responsabilidad siempre recae en quien decidió explotarlos, nunca en ellos.

Hablar de trata de personas también es hablar de prevención

Las secuelas de esa violencia son profundas. El mismo estudio de UNICEF encontró que quienes habían vivido explotación o abuso sexual facilitados por la tecnología presentaban 15 veces más probabilidades de autolesionarse y 12 veces más probabilidades de experimentar pensamientos o conductas suicidas que quienes no habían enfrentado estas formas de violencia. Detrás de cada cifra hay una niña o un niño intentando reconstruir una vida que alguien decidió poner en venta.

Por ello, hablar de trata de personas también es hablar de prevención. La Meta 11 del Pacto por la Primera Infancia plantea erradicar la violencia contra niñas y niños porque entiende una verdad fundamental: la trata no comienza el día de la explotación. Comienza mucho antes, cuando la violencia se normaliza, cuando el silencio sustituye a la escucha, cuando una niña aprende que nadie le creerá o cuando un niño descubre demasiado pronto que pedir ayuda no cambia nada. 

Construir entornos protectores, fortalecer los vínculos familiares, garantizar una crianza libre de violencia y desarrollar instituciones capaces de detectar e intervenir oportunamente son algunas de las herramientas más poderosas para prevenir la trata de personas.

En el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas, el desafío no es únicamente fortalecer la persecución del delito. Es construir un país donde ninguna niña ni ningún niño crezca creyendo que su cuerpo puede tener un precio.

Porque mientras exista una sola infancia que pueda ser explotada, ninguna sociedad podrá afirmar que ha cumplido con su obligación más elemental: proteger a quienes más la necesitan.

*Daniela Tapia Bazán es codirectora general y cofundadora de Fundación Libera México, integrante del colectivo Pacto por la Primera Infancia. Redes: @Pacto1aInfancia

Contacto

Envíanos un mensaje y nos pondremos en contacto contigo muy pronto.
Tus datos están protegidos por nuestra Política de Privacidad.
Si lo prefieres envía un correo a: contacto@pactoprimerainfancia.org.mx