Día del Niño y la Niña en México: celebrar también es comprometernos

La conmemoración del Día del Niño y la Niña en México debe ir más allá del festejo y convertirse en un compromiso activo con los derechos de las infancias. El texto subraya que problemas como violencia, pobreza, cambio climático y violencia digital siguen afectando a millones de niñas y niños, y destaca la importancia de escucharlos a través de ejercicios de participación como la Consulta Infantil y Juvenil del INE. Los resultados muestran que el bienestar infantil depende, en gran medida, de relaciones basadas en respeto, escucha y cuidado por parte de las personas adultas.

El Día del Niño y la Niña en México representa una jornada de celebración para honrar a las infancias como personas con voz propia, capaces de expresar sus opiniones y exigir el cumplimiento pleno de sus derechos. Tradicionalmente, esta fecha se ha caracterizado por actividades de festejo y recreación en espacios públicos, escolares y familiares.

En México, esta conmemoración fue instituida oficialmente el 30 de abril de 1924 por instrucción del entonces presidente de la República, el general Álvaro Obregón, y del secretario de Educación, José Vasconcelos. A nivel internacional, el 20 de noviembre se reconoce como el Día Universal del Niño, fecha vinculada con la adopción de la Convención sobre los Derechos del Niño, el instrumento jurídico más importante en materia de derechos de la infancia.

Sin embargo, más allá de la celebración, la realidad nos interpela. A los retos históricos que enfrenta la niñez —como la pobreza, la malnutrición o la violencia— se suman nuevas problemáticas: el cambio climático, la violencia digital, el desplazamiento forzado y el reclutamiento por grupos delictivos.

Frente a este panorama, cabe preguntarnos: ¿qué significa realmente celebrar a la niñez en un país donde millones de niñas y niños aún ven vulnerados sus derechos?

La respuesta no es dejar de celebrar, sino resignificar la celebración. Como personas adultas —madres, padres, docentes y tomadores de decisiones— podemos hacer de este día una pausa necesaria frente a la mirada adultocéntrica que históricamente ha minimizado la voz, las emociones y la capacidad de agencia de niñas y niños. Se trata de volver a mirar, pero también de escuchar con mayor atención qué les hace felices, qué les preocupa y qué necesitan.

Seamos agentes de cambio social y transformemos nuestro compromiso en esfuerzos concretos que contribuyan a mejorar su calidad de vida.

Un primer paso fundamental es reconocer que las niñas y los niños son titulares de derechos. Estos están consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño, en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

Así como en los cuatro principios generales que orientan su aplicación:

No discriminación

Todos los niños tienen los mismos derechos, sin distinción.

Interés superior de la niñez

Toda decisión pública o privada debe priorizar su bienestar.

Derecho a la vida, supervivencia y desarrollo

No basta con vivir; es necesario garantizar condiciones para desarrollarse plenamente.

Participación

Niñas y niños tienen derecho a expresar su opinión y a que esta sea tomada en cuenta.

Estos principios brindan un marco analítico para la aplicación de los derechos reconocidos en instrumentos nacionales e internacionales. Asimismo, son criterios prácticos para promover un cambio de actitud que debe guiar la manera en que educamos, escuchamos y ejercemos la autoridad en la vida cotidiana.

En México, diversos ejercicios de participación han permitido conocer directamente la voz de la niñez. El Primer Ejercicio de Participación Ciudadana por la Primera Infancia 2019, la consulta ¿Me Escuchas? 2022 y 2024 del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, y la Consulta Infantil y Juvenil 2024 del INE son ejemplos relevantes de mecanismos que permiten identificar las preocupaciones e intereses de la niñez mexicana.

Particularmente, la décima edición de la Consulta Infantil y Juvenil 2024 logró integrar la voz de 10 millones 703 mil 505 niñas, niños y adolescentes de entre 3 y 17 años, lo que representa el 32.95 % de la población en ese rango de edad. El ejercicio abordó asuntos prioritarios como la seguridad en espacios comunitarios, el cuidado del medio ambiente y los animales, así como la prevención de adicciones.

Los resultados son tan reveladores como contundentes. El 68.1 % de las 871 mil 315 niñas y niños de entre 3 y 5 años consultados expresó que se siente seguro cuando las personas adultas los cuidan; el 59.2 %, cuando los abrazan; el 46.8 %, cuando todos se respetan; el 45.7 %, cuando les explican y enseñan sin gritarles; el 45.3 %, cuando pueden expresar lo que sienten; y el 31.4 %, cuando observan que las personas adultas resuelven sus problemas sin enojarse.

Para sentirse seguros en la escuela, más de la mitad de las 2 millones 781 mil 458 niñas y niños de entre 6 y 9 años expresaron dos demandas principales: cuidar la limpieza, el orden y la iluminación de los espacios, así como respetar sus preferencias, gustos y maneras de ser.

En el grupo de 10 a 13 años, el 55.6 % de los 3 millones 767 mil 31 participantes recomendó establecer reglas y acuerdos que propicien el respeto. En materia de seguridad digital, solicitaron difundir medidas de cuidado contra la violencia y contar con personas a quienes acudir en caso de acoso o extorsión.

Las y los adolescentes de entre 14 y 17 años propusieron “respetar, escuchar y tomar en cuenta las opiniones de niñas, niños y adolescentes”, además de “evitar actitudes y conductas discriminatorias” para alcanzar una mayor seguridad tanto en sus comunidades como en la escuela.

En todos los grupos de edad aparece un mensaje común: la seguridad, el bienestar y la felicidad de la niñez están profundamente vinculados con la manera en que las personas adultas se relacionan con ellas y ellos. Estos datos también trazan una ruta y recuerdan que, antes de actuar, debemos escuchar y revisar nuestras propias prácticas.

El Día del Niño y la Niña es, sobre todo, una oportunidad para replantear el lugar que ocupan las infancias en nuestra sociedad. Por eso, este 30 de abril celebremos con el compromiso de escucharlas sin interrumpir, educar sin violentar y reconocerlas como personas con voz, derechos y dignidad.

*Luz Serrano es Coordinadora Nacional de Movilización del Pacto por la Primera Infancia | @Pacto1aInfancia

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